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Asociación "No me abandones" Envia un SMS con las siglas NMA al 5958 y un donativo directo llegará a nuestros animales. Coste máximo del mensaje 1,20 euros impuestos indirectos no incluidos |
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Se asan animalesComo se acercaba el 25 de diciembre, fun fun fun, nos fuimos al norte de visita familiar prenavideña. En los tejados y los rincones de la ciudad aún quedaba una espesa capa de la nieve que cayó hace unos días. La mañana era fría, pero lucía un sol espléndido y salimos a pasear. Pasamos primero a comprar pan, a la vuelta de la esquina, porque dijeron que ahí era muy rico, de horno de leña o algo así. No entramos. En la puerta de la tahona habían pegado un cartel: “Se asan animales”. Todo en mayúsculas. En ese momento, una señora abrió esa puerta, con una baguette en una mano y, en la otra, la correa de su Yorkshire, que salía vivo. Juro por mis muertos de muerte natural que ella llevaba un abrigo de visón. Volvimos a mirar el cartel: “Se asan animales”. Todo en mayúsculas y con una caligrafía escalofriante. Sentíamos lo que sentimos siempre nosotros, los vegetarianos, ya nos conocen: repugnancia y tristeza. Pero además un profundo desconcierto: nunca habíamos visto eso que rechazamos expresado de manera tan cruda. Quizás habíamos pasado ya, sin prestarle atención, por delante de un restaurante con un gran cartel que dijera “Asador”; de hecho, ya nos habíamos detenido ante el escaparate de una tienda con productos delicatessen, exquisitamente decorado, en el que las piezas de fruta más seductoras y las bebidas más escogidas se mezclaban con fiambres y foies cuyo cruel origen estaba convenientemente disfrazado de lujo y distinción. Acostumbrados a ciertas imágenes y a determinadas palabras, dejamos de ver lo que significan: siendo lo mismo, el escaparate del gourmet disimulaba con finura lo que el cartel de la tahona nos había mostrado en su más grosera naturaleza.
Pero estábamos de visita navideña a la familia (“tengamos la fiesta en paz”), así que continuamos nuestro paseo con toda la placidez que nos permitieron las imágenes que seguían asaltándonos (“Se asan animales”: y no veíamos sólo corderos y conejos y cochinillos –animales-, sino también yorkshires y labradores y bulldogs franceses –animales- y gatitos siameses y atigrados y de angora –animales- y hurones y hamsters y periquitos -animales-. Yo los veía a todos haciendo cola, algunos con sus collares y sus correítas, muy formales, en fila como quien va a llevarse una baguette, esperando su turno para ser asados en ese horno de leña o de algo así donde es famoso el pan porque sale riquísimo). Entonces nos llevaron a ver el Belén gigante. Con su José y su María y su niño, como es natural; y sus hilanderas y sus pastores y sus campesinos y sus soldados y su molino con agua corriente de verdad. De verdad eran también unas ovejas de cara negra que asistían a su propia escena con envidiable serenidad y unos ponys de pelo largo que estaban atados dentro de un cercado y daban la espalda a los niños que los observaban con admiración, ignorantes, porque ninguno de los adultos presentes se lo contaba, de que aquel corderín tan mono y que daban tantas ganas de abrazar quizás iba a ser asado por la tarde en la tahona donde se compran las baguettes. Yo tampoco dije nada (“tengamos la fiesta en paz”).
Hace pocos días la Polícia desmanteló un matadero clandestino en Villarejo de Salvanés. No lo hizo porque dieran ganas de abrazar a las ovejas y a sus bebés sino porque los tres miembros de la misma familia que fueron detenidos estaban haciendo el agosto navideño distribuyendo en toda la comunidad de Madrid corderos, para asar, sin control sanitario ni veterinario, sin registro ni medidas higiénicas e incumpliendo las más mínimas normas de “sacrificio”. De cara a estas fiestas tan entrañables, el matadero mantenía una intensa actividad: dentro de la nave había más de un centenar de cadáveres y otros tantos corderos vivos esperando su turno, nos podemos imaginar que en un ambiente distinto al del Belén gigante que hacía las delicias de los niños. Por 200 euros, a su vez, podía usted hacerse con un cerdo completo en el matadero ilegal de Colmenar Viejo que también ha desmantelado la Guardia Civil. Medicados con antibióticos caducados y alimentados con leche podrida pero, cómo no, convenientemente troceados si ese era el deseo de usted. Dicen que en el momento de la detención había seis cochinillos, es decir, seis cachorros, listos para matar y que “la manipulación” se realizaba de cualquier manera. Lo cuento porque supongo que a los carnívoros les interesarán estas informaciones, aunque por distintos motivos que a mí. Pero la vida sigue, también para los vegetarianos, así que, feliz Navidad. Y si ustedes creen que he pretendido amargarles el pavo, están en lo cierto: era mi intención. Para que tuviéramos la fiesta en paz.
POR ANTONIO GALA
Maldigo, con la más rotunda de las maldiciones, a quienes, por estas fechas u otras, abandonan a sus animales de compañía. No son dignos de los unos y de la otra. Les deseo que un día sean ellos los abandonados (y seguramente acabarán por serlo) de sus mujeres, sus hijos, de sus amigos… Por egoístas despreciables. Por posponer a un ser vivo, dependiente, amable en estricto sentido, generoso y fiel, a sus propios proyectos de vacación y de comodidad. Por rescindir una relación cuando les parece conveniente. Por hijos de la gran puta. Con perdón.
. ANTONIO GALA/LA TRONERA (Periódico El Mundo)
PERROS POTENCIALMENTE TORTURADOS
PERROS E HIJOS DE PERRA
Por Arturo Pérez-Reverte
Después de que un pit bull-standford matase a una mujer en Las Palmas, leí varios reportajes sobre perros de presa. Uno es de Francisco Perejil, joven escritor de novela negra y tal vez el último gran reportero de sucesos de este país, de esos capaces de mezclar sangre con tinta y alcohol; un fulano que merecería plomo de linotipias y teclazos de Olivetis en vez de oficio aséptico, mingafria y políticamente correcto en aque algunos han convertido el periodismo, con libros de estilo que dicen La Coruña sin ele y becarios que aspiran a ser editorialistas o corresponsales en Nueva York.
El reportaje de Perejil contaba cómo criadores sin escrúpulos y apostadores clandestinos, alguno de los cuales se anunciaba en revistas especializadas y montan sus negocios ante la pasividad criminal de las autoridades, organizan peleas de perros. Cuenta Perejil la crueldad de entrenamiento, las palizas y vejaciones que les inflingen para convertirlos en asesinos: cómo empiezan a probarlos contra otros perros desde que son cachorros de cuatro meses y cómo algunos mueren tras aguantar peleas de hora y media.
Pero el reportaje, que era estremecedor, no me impresionó en su conjunto tanto como la frase del texto: “El perro, si ve que su amo está a su lado, lo da todo”. Y, bueno. Algunos de ustedes saben que la vida que en otro tiempo me tocó vivir abundó a veces en atrocidades. Quiero decir con eso que tampoco el arriba firmante es de los que ven un mondongo y dicen ay. Tal vez por eso el horror y la barbarie me parecen vinculados a la condición humana, y siempre me queda el consuelo de que el hombre, como única especie racional, es responsable de su propio exterminio; y que al fin al cabo no tenemos sino lo que nos merecemos, o sea, un mundo de mierda para una especie humana de mierda.
Pero resulta que con los animales ya no tengo las cosas tan claras. Con los niños también me pasa, pero la pena se me alivia al pensar que los pequeños cabroncetes terminarán, casi todos, haciéndose adultos tan estúpidos, irresponsables o malvados como sus papis. En cuanto a los animales, es distinto. Ellos no tienen la culpa de nada. Desde siempre han sido utilizados, comidos y maltratados por el hombre, al que muchos de ellos sirvieron con resignación, e incluso con entusiasmo y constancia. Nunca fueron verdugos, sino víctimas. Por eso su muerte si me conmueve, y me entristece. Respecto a los perros, nadie que no haya convivido con uno de ellos conocerá nunca , a fondo, hasta dónde llegan las palabras de generosidad, compañía y lealtad. Nadie que no haya sentido en el brazo un hocico húmedo intentando interponerse entre el libro que estás leyendo y tú, en demanda de una caricia, o haya contemplado esa noble cabeza ladeada, esos ojos grandes, oscuros, fieles, mirar en espera de un gesto o una simple palabra, podrá entender del todo lo que me crepitó en las venas cuando leí aquellas líneas; eso de que en esas peleas de perros, el animal, si su amo está con él, lo da todo.
Cualquiera que conozca a los perros sentirá la misma furia, y el mismo asco, y la mala sangra que yo sentí al imaginar a ese perro que sigue a su amo, al humano a quien considera un dios y por cuyo cariño es capaz de cualquier cosa, de sacrificarse y de morir sólo a cambio de una palabra de afecto o de una caricia, hasta un recinto cercado con tablas y lleno de gentuza vociferante, de miserables que cambian apuestas entre copa y copa mientras sale al foso otro perro acompañado de otro amo. Y allí, en el foso, a su lado, con un puro en la boca, oye al dueño decirle: “Vamos, Jerry, no me dejes mal, ataca, Jerry, ataca, duro, chaval, no me falles, Jerry”. Y Jerry, o como diablos se llame, que ha sido entrenado para eso desde que era cachorrillo, se lanza a la pelea con el valor de los leales, y se hace matar porque su amo lo está mirando. O queda maltrecho, destrozado, inválido, y obtiene como premio ser arrastrado afuera y que lo rematen de un tiro en la cabeza, o que lo echen, todavía vivo, a un pozo con un trozo de hierro atado al cuello. O termina enloquecido, peligroso, amarrado a una cadena como guardián de una mina o un oscuro almacén o garaje.
Así que hoy quería decirles a ustedes que malditos sean quienes hacen posible que todo esto ocurra, y que mal rayo parta a los alcaldes, los policías municipales y los guardias civiles y a todos lo demás que lo saben y lo consienten. Y es que hay chusma infame, gentuza sin conciencia, salvajes miserables a quienes sería insultar a los perros llamar hijos de perra.
¿Ummmmmm, por lo cariñosisimos que son quizás?.
Como ejemplo, este video que ella misma ha grabado y editado. ¡Gracias Sara!.
Nota: haced click en la palabra video para verlo.
Alberto es un chico de Madrid, dueño de un hermoso galgo, "Bruno" y 5 gatos. Pidió asesoramiento a todas las protectoras de Cádiz sobre a qué playas podría irse una semanita de vacaciones acompañado por su perro. Con la información que le dimos unas y otras fue buscando hasta que ha encontrado un lugar precioso en Zahora. A los gatos, una persona de confianza les atenderá en su propia casa.
Nos envía estas fotografías de Bruno con otro galgo que a veces va a visitarles y con uno de sus gatos.
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Como véis, el galgo es un estupendo animal de compañía, perros y gatos pueden convivir en armonía y LAS VACACIONES CON ANIMALES SON POSIBLES. ¡Me encanta cómo derriba barreras este muchacho!. ¡Tres de una vez!. ¡¡Enhorabuena!!.